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Esta página nace como un esfuerzo de la Parroquia de San Patricio en Bay Shore – NY, para poder brindarles una pequeña catequesis semanal basada en las escrituras, el catecismo y las tradiciones de la Iglesia Católica.

Semilla para esta semana

  • ¿Por qué la Plegaria Eucarística estáen el corazón de la celebración de la misa?

    La Plegaria Eucarística es ante todo eso: una oración, una plegaria. Está situada en el mismísimo centro de la celebración, no por cronología, sino por importancia. Es una oración que proclama el celebrante, pero al hacerlo lo hace en nombre de toda la asamblea: no es una oración personal ni individual suya.

    Es una plegaria de acción de gracias, pero también lo es de consagración. En ella se pide el Espíritu Santo para que transforme el pan y el vino en Cuerpo y la Sangre del Señor, y para que transforme también a quienes van a recibirlo, de forma que obtengan un don precioso de Dios: la unidad, la comunión, ser un solo cuerpo y un solo espíritu.

    En la Eucaristía encontramos un momento de petición solemne del Espíritu Santo. De hecho son dos momentos, y ambos están relacionados entre sí. Ambos se encuentran en la Plegaria Eucarística.

    Justo antes de la consagración, el sacerdote, al imponer las manos, invoca el don del Espíritu sobre el pan y el vino. No es una acción humana la que transforma los dones en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sino la acción del Espíritu, que se invoca solemne. Es Dios quien salva, Él es quien transforma el pan y el vino.

    La Iglesia ha querido resaltar este doble momento de la epíclesis y la consagración pidiéndonos un gesto de oración y de adoración, que es ponernos de rodillas: desde que el sacerdote impone las manos sobre las ofrendas hasta que acaba la consagración del cáliz.

    Después del relato de la institución el sacerdote vuelve a pedir el Espíritu. Esta vez no lo invoca sobre los dones, sino sobre la asamblea, sobre aquellos que van a recibir esos dones consagrados. El Espíritu transforma el pan y el vino, y también transforma a la comunidad cristiana, a “los que vamos a participar del Cuerpo y Sangre de Cristo”.

    En la Eucaristía celebramos el memorial de la muerte y resurrección de Cristo, y lo hacemos con los signos que Él nos dejó para ello en la Última Cena.

    Celebrar este memorial es ante todo celebrar una presencia en el “hoy” que nos toca vivir: la presencia de Cristo, de su salvación. Sin que los acontecimientos de nuestra salvación se repitan, la gracia que desde ellos se derrama llega hasta nosotros, porque Cristo está presente en la liturgia de la Iglesia. No es un mero recuerdo. Es una presencia; y una presencia eficaz, que nos llama a un encuentro que cambia nuestra vida.


    Navarro, Ramón, “La Plegaria Eucarística, en el corazón de la celebración”, Diócesis de Cartagena, Accesado 1 Abril 2024, https://diocesisdecartagena.org/formacion/la-plegaria-eucaristica-corazon-la-celebracion/