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Esta página nace como un esfuerzo de la Parroquia de San Patricio en Bay Shore – NY, para poder brindarles una pequeña catequesis semanal basada en las escrituras, el catecismo y las tradiciones de la Iglesia Católica.

Semilla para esta semana

  • ¿Cómo he de recibir la sagrada comunión?

    La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana (Lumen Gentium 11). Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, al propio Cristo, nuestra Pascua y pan vivo (Prebysterorum Ordinis 5).

    De por sí, el sacrificio eucarístico se orienta a la íntima unión de nosotros, los fieles, con Cristo mediante la comunión: le recibimos a Él mismo, que se ha ofrecido por nosotros; su cuerpo, que Él ha entregado por nosotros en la Cruz; su sangre, “derramada por muchos para perdón de los pecados” (Mateo 26:28). La Eucaristía es verdadero banquete, en el cual Cristo se ofrece como alimento. (Ecclesia de Eucharistia 16)

    Conociendo ahora la importancia de tan sagrado sacramento, ¿cómo entonces debemos nosotros recibir la comunión? Ante todo, debemos estar libres de pecado, debemos haber confesado los pecados mortales y veniales que hayamos cometido desde nuestra anterior confesión, haber ayunado por lo menos una hora antes de recibir la comunión.

    Al momento de la comunión procesar ordenadamente y con respeto hacia el sacerdote o hacia aquellos ministros para recibir la comunión. Al llegar frente al ciborio con las hostias consagradas, debemos hacer una reverencia (Redemptionis Sacramentum 90), ya que estamos ante la presencia de Cristo, en cuerpo, sangre, alma y divinidad, en ese momento el sacerdote o el ministro elevando la hostia consagrada, nos dirá: “Cuerpo de Cristo”, a lo cual responderemos “Amén”, reconociendo así esta verdad de fe. Podemos recibir la hostia ya sea en la lengua, o en las manos, extendiendo las manos una sobre la otra a la altura del ciborio, cuidando que estas estén de manera plana como presentando un altar donde recibiremos el Cuerpo de Cristo, una vez recibida la hostia, esta debe ser consumida inmediatamente.

    Si se ofrece en misa y es nuestro deseo, podemos comulgar también de la Sangre de Cristo, para lo cual nos acercamos al ministro con el cáliz, y hacemos una reverencia al llegar ante el cáliz, ya que Cristo se encuentra completamente en las especias consagradas, el ministro nos dirá “Sangre de Cristo” e igualmente responderemos “Amén”, reconociendo de esta manera la presencia de nuestro Señor en el vino consagrado. El ministro entonces nos entregará el cáliz para que tomemos un pequeño sorbo, tras lo cual entregamos el cáliz al ministro.

    Una vez habiendo recibido la comunión de Cristo, hemos de dirigirnos a nuestros lugares, y aprovechar este sagrado momento que estamos en comunión con Cristo para presentarle nuestras oraciones. Es tradición rezar arrodillado y permanecer así hasta el momento que el sacerdote guarde las hostias consagradas que hayan quedado en el tabernáculo. Participemos del sacramento de la Sagrada Comunión con gran fe, preparemos nuestra alma para este gran misterio acudiendo al sacramento de reconciliación, y seamos así uno con Cristo.